O século XVIII
El Siglo XVIII parece que ha sido siempre el gran
desconocido no sólo de la literatura española, sino d ela literatura
universal en general. Ha sido desatendido por la crítica y, sin embargo,
merece toda nuestra atención por su dimensión cultural y, sobre todo,
ideológica. Una de las consecuencias de esta desatención ha sido la
carencia de criterios de clasificación y periodización, ya que para este
mismo período se ha hablado de Neoclasicismo, Ilustración, Rococó y
Prerromanticismo. Decir que el siglo XVIII es neoclásico es decir
bastante poco, es una simplificación por sinécdoque. El Siglo XVIII fue
en conjunto todos y cada uno de esos movimientos a la vez. Por otra
parte, se ha dicho que es el siglo caracterizado por la Razón, el siglo
en que todo está sometido a raciocinio; de ahí la gran consideración dle
pensamiento científico. A su vez es el siglo de la Ilustración, de la
idoelogía burguesa, progresista y liberal, cuya base es el Racionalismo
frente a la aristocracia barbarizada y decadente. Pero los enemigos de
los ilustrados son también los restos del feudalismo más arcaizante, el
dogmatismo y el fanatismo religioso. El problema es que esos mismos
intelectuales ilustrados construyen sus propios dogmas: sustituyen a
Dios por la Naturaleza y la religión por la ética. Esto significa que el
hombre moderno no deja de salir de su propia espiral creada desde
tiempos remotos, aunque ahora lleve los tintes de la modernidad.
Bien
es cierto que su fe (ciega) en la ciencia los llevó a luchar contra el
analfabetismo y a fomentar el progreso y el bienestar social. Su
literatura será preferentemente didáctica y moral, la literatura ahora
ha de servir para adoptar una actitud crítica ante la realidad y para
transformar la sociedad en beneficio del ciudadano. El Siglo XVIII es el
Siglo de las Luces, de las Academias, de las instituciones cultrales,
de las tertulias en los Salones, pero también es el siglo del derecho
natural, de los valores universales en igualdad que culminarán en la
Revolución Burguesa. Sin embargo, hemos d etener presnete que es a su
vez el siglo en el que triunfa la burguesía y su ideología económica
capitalista.
Como toda época o movimiento,
siempre hay contradicciones. Por una parte, es la época del
conocimiento y del saber, el siglo de Kant, Voltaire y Goethe, cuyo
símbolo máximo será La Enciclopedia de Diderot y D'Alembert, un siglo
del Buen Gusto y de Moralidad. Peor, por otra parte, es el siglo que
también ilumina -paradójicamente- la mal llamada "literatura del
libertinaje", del reverso moral y sexual de las altas clases sociales,
del terror erotizado, cuyo máximo símbolo es el Marqués de Sade.
No
obstante, tenemos una tercera forma de caracterizar el Siglo XVIII y qe
puede aglutinar los dos anteriores: el Siglo XVIII es el siglo de la
NOVELA, de la novela moderna en sentido estricto. Curiosamente, en
España, que cien años atrás vio nacer a Don Quijote y había disfrutado
dle género llamado picaresco, no fue prolijo en novelas durante el
XVIII. El género de éxito seguirá siendo el teatro, o más bien el
reducto del teatro barroco. La novela, en cambio, será desprestigiada,
porque si la prosa no respondía a criterios históricos, retóricos,
morales o religiosos, era rayana en lo popular, en lo que entretenía al
vulgo.
Mientras aquí despreciábamos estas
creaciones, en Europa, especialmente Inglaterra, las novelas de corte
cervantino y picaresco obtuvieron un eco considerable. Unos de los
primeros autores que escribió "novelas" fueron DEFOE y SWIFT, quienes,
sin saberlo, constribuyeron a la renovación novelesca. El caso de Defoe
es sumamente revelador. De su Robinson Crusoe, educativo,
crítico de la sociedad y exponente del valor individual frente a la
colectividad normativa, pasa a escribir otras novelas como Las aventuras del Capitán Singleton o Moll Flanders,
donde lo novelesco se ha liberado de estrictos criterios que oprimían
la fabulación. Estamos ante loq ue Juan Carlos Rodríguez ha denominado
constitución de la "literatura del pobre", cuyos orígenes se remontaban a
los planteamientos franciscanos y dominicos y cuyo nacimiento literario
se ubicaba en las falsas autobiografías o construcción de vidas como
las del Lazarillo, el Buscón, el Guzmán, la Celestina, la Lozana
Andaluza o Rinconete y Cortadillo, con sus variantes y divergencias.
Pero en el XVIII algo cambia.

Aquel
desnudo, náufrago e iniciático Robinson Crusoe es quizás el más
absolutamente pobre dle mundo, porque está absolutamente solo en el
mundo. Al fin y al cabo, se trata de la recreación del mito del origen,
pues recordemos que Robinson escribe su vida en una Biblia cuyas páginas
han quedado desvaídas después del naufragio.

Algo después, Jnathan Swift hará algo similar con Los viajes de Gulliver.
A modo de relato de viajes y de construcción de una vida iniciática,
Swift pondría a prueba la educación recibida en una sociedad
determinada, educación que resulta inútil dadas las circunstancias, y
sociedad que a la larga se vuelve más injusta. En la novela se establece
un remedio adecuado contra la atroz pobreza irlandesa: si los niños se
morían y los padres pasaban hambre, el único remedio que quedaba era
comerse a los niños.
La novela de
Cervantes se convierte para estos escritores en una especie de libro
sagrado, una Biblia. Pero RICHARDSON, FIELDING y STERNE son los que
mejor aprenderán la lección cervantina. Samuel Richardson propicia una
novela psicológica, de análisis de sentimientos, interiorista, mientras
Fielding abrirá una línea satírica, más intelectual y distanciada, que
tendrá gran repercusión. La Pamela de Richardson nos plantea el problema
de los pobres llegados a la ciudad. Es una narración epistolar basada
en los sentimientos, pero también en la explotación de las relaciones
amorosas. Aquí el pobre e suna criada cuya virtud es acosada y
perseguida. Ofrece el autor la siguiente solución al conflicto: si la
criada consigue resistirse al señorito, éste acabará casándose con ella.
El texto, eso sí, muestra una división bastante maniquea del mundo: los
buenos, al final, triunfan, y los malos, al final, son castigados.
Más interesante será Fielding con novelas como Joseph Andrews y, sobre todo, Tom Jones, expósito.
Esta última es también una historia de amos y criados y, al igual que
Richardson, Fielding apunta valores aristocráticos, pero no como linaje o
herencia de sangre, sino como actitudes sociales. Fielding reflejará en
sus novelas lo débil que es la frontera que separa el mundo legal del
que está al margen de la ley, lo ambiguo de las apariencias, la
confusión del bien y del mal que aparecen fundidos, mexclados. No hay ya
personajes buenos o malos, sino que los personajes actuarán bien o mal
según las circunstancias.
L. Sterne escribe su Tristam Shandy,
la mejor adaptación del Quijote, con un sarcasmo extremado no sólo de
la pobreza sino de la miseria humana, de la naturaleza humana moralmente
miserable. La novela es una recreación genial del porpio género
narrativo, de la ficción que irrumpe en la realidad y viceversa, como
por ejemplo el hecho de que el personaje sea consciente de que es leído
por el lector.
Otra manifestación fuerte d
ela novela inglesa y ya cercanos al Romanticismo es la llamada "novela
gótica". Horace Walpole publica en 1764 su Castillo de Otranto. Radcliffe, con Los misterios de Udolfo, consagró el género. Y le suceden otros como Lewis con El Monje.

De Alemania destaca Goethe. Su novela Los sufrimientos del joven Werther,
a modo epistolar, implica también cierto anuncio romántico, que luego
el autor abandonó. Werther, no obstante, se convertirá en todo un icono
para los jóvenes rebeldes y románticos, poniendo de moda el chaleco... y
el suicidio. Fausto, redactada en sesenta años y acabada poco
antes de su muerte, es, sin duda, una de las mejores obras de la
literatura universal: Fausto, hombre favorito de Dios, se siente
insatisfecho ante la insuficiencia del conocimiento y, tras considerar
el suicidio, sella un pacto con el Diablo. Pero entonces, el amor
irrumpe en su vida...
La novela en
Francia fue también muy fecunda. Tras los textos de Urfé, Madame Scudéry
y Fénelon, encontramos autores relevantes como Marivaux o el Abad
Prevost. ROUSSEAU, que creía en la bondad d ela naturaleza y en una
nueva sociedad, escribió dos novelas que reproducen el sentir del XVIII:
Julia o la nueva Eloísa, novela epistolar de tipo sentimental
que preludia el Romanticismo al hacer triunfar la franqueza frente a la
hipocresía, la libertad frente a los prejuicios, la virtud frente al
vicio; y Emilio, tratado didáctico o pedagógico, en el
que
defiende la educación natural, una educación sin esquemas artificiales
ni normas restrictivas. Emilio, el niño, es símbolo de la bondad innata
del hombre en oposición a la maldad social. Dentro de la novela
didáctica, VOLTAIRE también contribuyó con sus obras, sobre todo, con El ingenuo,
en el que recurre al tópico del buen salvaje que llega a la
civilización. Una vez educado, se vuelve tan hipócrita y corrupto como
los demás. Para Voltaire no hay civilización posible para el mundo.
DIDEROT, conocido por su labor enciclopédica, publicó también Las joyas
indiscretas, erótica, fabulosa y divertida, jugando con el doble sentido
del término "bijoux". Otros novelistas franceses: Mme Riccoboni, Restif
de la Bretonne, El querido Marqués, Choderlos de Laclos, Mme de Staël,
etc.
que
defiende la educación natural, una educación sin esquemas artificiales
ni normas restrictivas. Emilio, el niño, es símbolo de la bondad innata
del hombre en oposición a la maldad social. Dentro de la novela
didáctica, VOLTAIRE también contribuyó con sus obras, sobre todo, con El ingenuo,
en el que recurre al tópico del buen salvaje que llega a la
civilización. Una vez educado, se vuelve tan hipócrita y corrupto como
los demás. Para Voltaire no hay civilización posible para el mundo.
DIDEROT, conocido por su labor enciclopédica, publicó también Las joyas
indiscretas, erótica, fabulosa y divertida, jugando con el doble sentido
del término "bijoux". Otros novelistas franceses: Mme Riccoboni, Restif
de la Bretonne, El querido Marqués, Choderlos de Laclos, Mme de Staël,
etc.
Poco sabemos de la novela en Portugal
(Nuno Marqués Pereira, Teresa Margarita da Silva)´o en Italia (Ugo
Foscolo con su Jacobo Ortis, Pietro Chiari), en comparación con
Inglaterra, Francia y Alemania, países caracterizados por un desarrollo
novelístico más fuerte.
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