Mulleres no Renacemento
La prolija Historia de España está plagada de nombres que, por varias razones, se han visto privados del reconocimiento que se merecen. En lo que respecta a este punto, especialmente flagrante es el olvido al que se han visto sometidas algunas mujeres extraordinarias (como es el caso de Beatriz Galindo «La Latina» o Leonor de Austria). Pioneras que han pasado de puntillas a pesar de su enorme contribución a la nación.
Con el objetivo de dar a conocer a todas estas adelantadas a su época, desde el Círculo de Orellana en colaboración con el Instituto Cervantes, se ha dado inicio a una serie de conferencias bajo el nombre «Españolas por descubrir». De este modo, se pretende revitalizar la imagen de algunas de las féminas más insignes de nuestro pasado, las cuales triunfaron en gran variedad de campos; como el de la filosofía, el arte, la pedagogía o el deporte.
Gracias al comienzo del ciclo, en ABC Historia hemos tenido la oportunidad de conversar con la encargada de llevar acabo la conferencia de apertura: Almudena de Arteaga. Novelista que ha tenido como protagonistas de gran parte de sus obras a mujeres españolas de indudable peso histórico, como es el caso de Eugenia de Montijo, Juana la Beltraneja (auténtica heredera del trono de Castilla y que hasta el fin de sus días firmó sus escritos como Yo, la Reina) o Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra.
Durante el inicio de las conferencias el pasado martes 25 de septiembre, la galardonada escritora (entre sus premios se encuentra el «Alfonso X el Sabio» de 2004 otorgado a la mejor novela histórica del año) ha hablado sobre cuatro destacadas mujeres del Renacimiento español. Extraordinarias féminas que aportaron su particular grano de arena para la conformación de la incomparable historia patria.
¿Desde cuándo siente interés por la Historia?
Pues
desde muy niña. De hecho, me hubiese encantado estudiar Historia en la
universidad. Sin embargo -como ocurre en muchos casos- los padres te
acaban guiando hacia una carrera con más salidas. Por lo que acabé
haciendo Derecho.
Lo cierto es que la carrera de
Historia también tenía parcelas que no me entretenían demasiado. Lo que
hice fue terminar mis estudios en Derecho y después me gradué en Paleografía, Heráldica y Nobilaria. Me licencié en esas tres cosas para poder leer papel viejo, lo cual es muy importante cuando investigo para mis novelas.
A
la hora de trabajar me fijo en los periodos históricos que me
interesan. Necesito pegar saltos. Tengo mucha obra publicada después de
veinte años trabajando. El bombazo fue mi primer libro: «La Princesa de Éboli». Después de su publicación aparqué el ejercicio del derecho y me comencé a dedidacar a la literatura en exclusiva.
Una apuesta dura, pero aquí sigo.
Ha
escogido para esta conferencia a cuatro mujeres pioneras del
renacimiento español ¿Considera que han pasado de puntillas a la
Historia de España?
Yo considero que no. Sin
embargo, cuando gané el premio «Alfonso X el Sabio» escribí una novela
sobre María de Molina llamada «Tres coronas medievales». Esta era una
reina que tuvo muchísima importancia y a la que los grandes
historiadores en sus compendios dedicaban a penas tres párrafos. Por lo
tanto, con esta y con otras grandes mujeres de la Historia de España, lo que he intentado es darles un lugar.
Un buen ejemplo es el caso de Leonor de Austria, que ha pasado bastante inadvertida en la Historia.
Sobre todo porque no dejó sucesión a parte de una niña que también
falleció sin tener hijos. Es por esto que muy pocas veces queda el
recuerdo de esa reina y yo he tratado de rescatarla un poquito.
Leonor tuvo una vida muy complicada y muy triste. Ya no era solo su entrega al Imperio -el cual le había enseñado su tía Margarita desde niña- sino que sentía además un amor exacerbado hacia su hermano el Emperador (Carlos V). Llegó incluso a dejar a su hija en Portugal para salir detrás de él.
Está
también el caso de Juana la Beltraneja, un personaje que probablemente
ha sido algo apartado a nivel histórico en beneficio de Isabel la
Católica...
Indudablemente. Hay miedo. Es cierto
aquello de que los vencedores tratan de deshacerse de todo lo que les
hace daño, y los cronistas del momento ya sabemos que contaban lo que
los reyes deseaban.
Hay muchas cosas en la vida de la Beltraneja que no sabremos nunca, como el que fuese o no hija de Beltrán de la Cueva.
La Universidad de Lisboa me llegó a llamar tras publicar mi libro sobre
ella, que estuvo en la cabecera de ventas durante mucho tiempo en
Portugal. Desde la institución estaban pensando en investigar el convento donde estaba enterrada para hacer las pertinentes pruebas de ADN.
Sin embargo esto es imposible. El terremoto de Lisboa (1755) hizo que
el recinto religioso se derrumbase por completo. Razón que imposibilita
hallar su cadáver, por lo tanto el nombre de su auténtico padre será
siempre una incógnita.
Un dato que muy poca gente conoce es que también Fernando el Católico (encontrándose ya viudo de Isabel) intentó casarse con Juana, a lo que se negó también.
Después
de marcharse a Portugal, y tras varios años encerrada en un convento,
hubo un tiempo en el que pudo disfrutar de un régimen más abierto. Sin
embargo, la reina Isabel se enteró y escribió cartas al Papa pidiéndole por favor que Juana estuviese enclaustrada de nuevo. No la quería fuera del recinto. La Beltraneja, por su parte, murió firmando como Yo, la Reina.
Entonces no se podrá saber nunca si Beltrán de la Cueva fue su verdadero padre...
Los descendientes de Beltrán de la Cueva dicen que no es cierto. Yo hablo con ellos habitualmente y aseguran que no fue así. Nunca podremos saberlo a ciencia cierta. La promiscuidad de la madre de la Beltraneja (Juana de Portugal) está comprobada, ya que luego tuvo dos hijos con el arzobispo de Sevilla. Su madre no ayudó mucho en este punto.
Otro
personaje histórico fascinante acerca del que hablas en la conferencia
es Beatriz Galindo “La Latina”. Una mujer muy instruida y, en mi
opinión, muy adelantada a su tiempo...
Fue, efectivamente, una adelantada a su tiempo. De niña era autodidacta y acabó estudiando en la Universidad de Salamanca,
cosa que te choca, porque allí no había mujeres. Procedía de una
familia de hidalgos venida a menos. Su padre tuvo dinero en su momento,
pero de su madre no se sabe absolutamente nada. También tuvo varios
hermanos, alguno incluso llegó a ser escribiente en la Corte castellana.
Beatriz sobre todo deseaba aprender. Lo deseaba tanto, según se cuenta en alguna crónica, que a penas con 16 años dominaba a la perfección la lengua del lacio.
No solamente eso, admiraba mucho a Aristóteles y era una grandísima
lectora. También escribía, pero no nos ha llegado absolutamente nada de
su obra.
Lo que es más curioso es que Isabel la Católica, que no hablaba la lengua diplomática del momento como era el latín, decidió que fuese una mujer (Beatriz Galindo) quien la enseñase.
Aún más cuando en aquel momento no había maestras. La llevó a la Corte y
fue quien enseñó la lengua del lacio a todas sus hijas.
Además, fue discípula de Antonio de Nebrija y tuvo un matrimonio de esos de pluma y lanza. Su casamiento fue en Santa Fe una semana antes de que se rindiese la ciudad de Granada. Isabel la Católica la premia con uno de los mejores generales de Fernando. El capitán de artillero Francisco Ramírez (su
marido) fue uno de los militares más importantes en la Guerra de
Granada, ya era viudo y había tenido dos hijos. En las escrituras pone
que la Reina le obligó a firmar que, en caso de que este tuviese
descendencia con Beatriz, debía despojar de la herencia a los niños nacidos de su primer matrimonio. Le dio además 500.000 maravedíes, lo que eran una auténtica fortuna.
Es curioso también -y mucha gente lo desconoce- que el barrio madrileño de La Latina recibe su nombre de esta estudiosa,
porque tras la muerte de su esposo fundó allí varios conventos. En uno
de esos centros religiosos había monjas jerónimas, que se encargaban de
cuidar enfermos, y realizó un cuadernillo entero de reglas para el
hospital que albergaba. En el mismo dice que, cuando se trate de un
moribundo, este debe ser atendido por amas mayores de treinta años para que no haya tentación.
Las religiosas también debían econtrarse a los pies de la cama durante
el orto y el ocaso, porque son las horas en las que más se muere.
Otra vida muy interesante fue la de Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra y madre de María I...
Es fascinante. Yo escribí un libro sobre ella y en su momento nadie la recordaba en España. Luego llegó la serie de «Los Tudor», pero era la gran olvidada de
las mujeres de Enrique VIII a pesar de ser la primera y la más
duradera. Solo su matrimonio duró lo mismo que los de las demás.
Ella
lo pasó muy mal en Inglaterra. Cuando se quedó viuda de Arturo
(heredero del trono inglés y hermano de Enrique) el padre de estos
estuvo a punto de casarse con ella. Sin embargo, falleció antes, cosa
que la libró de tener que unirse siendo muy joven con un anciano.
Enrique, que se quedó prendado, era aún más joven que Catalina.
Una
cosa muy curiosa es que enseñó a las mujeres de Inglaterra a hacer un
encaje que ahora se ha convertido en algo típico de las islas. Hay
también una raza de ovejas típicas castellanas que llevó consigo y ha
pasado igual, como tantas otras cosas que los británicos se han apropiado pero que venían de la Península.
Existe también una teoría según la cual Catalina fue asesinada, ya que tras su muerte se dieron cuenta de que su corazón estaba negro. Era muy posible, porque tanto Enrique como Ana Bolena
desearon acabar con ella. Sin embargo, según los conocimientos que
tenemos en la actualidad se cree que probablemente fue un tumor. De
todos modos, para que la gente se de cuenta, su ex marido se quedó viudo tres veces en a penas un año y medio.
Además, es una de las reinas más queridas en Inglaterra. Sin embargo, como siempre, aquí no nos enteramos de nada.
¿Le
da la sensación de que, a diferencia de Inglaterra, en España nunca
hemos sabido vender bien a nuestros grandes personajes históricos?
Exactamente.
A este mismo respecto me han pasado hoy una carta que ha publicado el
célebre hispanista John Elliott en el Times hablando acerca del problema
que hay ahora con Cataluña. Parece mentira que tenga que ser un
extranjero quien diga ahora estas cosas.
Luego
está también Leonor de Austria, una mujer dedicada absolutamente a su
hermano y a las necesidades del Imperio. Primero casada con el rey de
Portugal, luego con Francisco I en Francia...
No solamente eso. Yo he escrito dos libros donde aparece Leonor, quien creo que es la gran olvidada de todas las hermanas de Carlos V.
Sin embargo, fue una referencia para el Emperador y ambos recibieron la
misma educación. Estoy convencida de que cuando llegaron a Castilla,
siendo todavía unos niños, ella fue su muleta.
Cuando al final de su vida Carlos se retiró a Yuste, sus hermanas María y
Leonor también decidieron retirarse. Tenía una especie de obsesión por seguir al Emperador donde fuese. No le podía acompañar al monasterio extremeño, así que ingresó en Talavera donde falleció.
¿Consideras que la sociedad española tiene unos conocimientos históricos suficientes acerca de estas mujeres?
Todavía
queda mucho por hacer. Las televisiones están realizando muchos
proyectos relacionados. Me apena mucho también que de repente salga una
serie que se llama «The Crown» y volvamos a hablar todos de Inglaterra.
¿Qué tenemos que decir? Nosotros tenemos unas reinas apasionantes que la gente de a pie en muchos casos no conoce y tenían historias fascinantes.
Opino que queda mucho por hacer en este sentido. También quiero decir
que la novela histórica no es una moda ni mucho menos. Yo tengo novelas
que tienen dieciocho años y siguen de actualidad.
Siempre
digo que en una novela trato de aportar una gota de agua a un vaso para
que quien quiera seguir bebiendo pueda hacerlo. Por eso intento poner
bibliografía al final con todo lo que he consultado para su realización.

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